En el pueblo hebreo hemos celebrado Pesaj desde los tiempos más remotos, pero el relato del Éxodo no tenía texto fijo. En la Gueniza (altillo) de la sinagoga de El Cairo se han encontrado trece Hagadot (Relatos de Pesaj) manuscritas en la Edad Media y lo más interesante es que todos los textos son diferentes entre sí. Textos cortos, largos, entre dos y dieciséis páginas, algunos con cuatro, otros con cinco preguntas.
La Mishna, primera parte del Talmud, en el siglo II e.c., en el Tratado Pesajim (Pascuas) no elabora texto de Hagadá, sino solamente guías a seguir por quien toma a su cargo en la noche del Seder, la mitzva (cumplimiento de la obligación): “Y contarás a tus hijos”. No se trata de ¿Qué dirás a tu hijo? , sino cómo se lo explicarás. “El padre debe explicar de acuerdo al entendimiento del hijo”, dice el Talmud en la Mishna, (primera parte) en el Tratado Pesajim.
El texto de Hagadá que hoy en día seguimos casi todas las comunidades judías, salvo algunos agregados, fue compuesto en Babilonia alrededor del siglo VII u VIII e.c. Aquí se recogen las tradiciones de Pesaj que enseñaron Rav y Samuel, presidentes de las dos yeshivot (academias rabínicas) más importantes de Babilonia: las de Sura y Nehardea. La pregunta es: para sentirnos judíos, ¿Nos definimos por lo que hicimos o hacemos nosotros mismos, es decir con una identidad activa, positiva? ¿O nos definimos judíos por reacción a lo que los demás nos hicieron y hacen a nosotros, es decir nos posicionamos en una identidad negativa, defensiva?
Rabí Samuel, jefe de la academia rabínica de Nehardea en el siglo III e.c. entiende que la mayor desgracia de los hebreos fueron “las cosas que otros nos hicieron”: Deuteronomio, 26: 6. “Los egipcios nos oprimieron y nos impusieron dura servidumbre”.
En el comienzo de ser pueblo, la identidad judía de los esclavos es puramente defensiva. Temen al faraón, no se animan a abrir la boca para desafiarlo por temor a que las cosas se pongan cada vez peor para los esclavos. Por eso el Señor, según el texto bíblico “endurece el corazón” del Faraón después de cada plaga, para que los hebreos se sientan tan oprimidos que se animen a romper con esa servidumbre, a pesar de que eso significa salir al desierto y abandonar las seguras ollas de carne de Egipto.
Por eso rabí Samuel comenzaba su narración de Pascua diciendo: “Esclavos fuimos del faraón de Egipto y es nuestro deber narrar la historia de la libertad”.
Rav, presidente de Sura, la academia rival de Nehardea, en Babilonia, en el mismo siglo III e.c. opina diferente. Rav dice que la mayor desgracia de los hebreos fue “las cosas vergonzosas que hicieron por ellos mismos”. ¿A qué se refiere él? A ser idólatras. Por eso comenzaba la narración de Pascua diciendo “Antes de Abraham, nuestros antepasados fueron idólatras”. 1 ¿Qué significa esto? Para Rav, somos judíos porque voluntariamente hemos aceptado la Torá, hemos elegido tener y temer a un Único Señor desde un tiempo pasado en que todos los demás pueblos adoraban muchos dioses . “Hijo mío”, dice el mensaje del padre a sus hijos en la mesa del Seder. “Somos lo que somos por nuestra propia voluntad y responsabilidad. Afírmate en lo que eres y de qué tronco desciendes. Que lo sepas y así lo transmitas a tus propios hijos”. Rav está mostrando cómo llevar a los hechos lo que hoy llamamos identidad judía positiva.
El texto de la Hagadá que hoy seguimos incluye los dos criterios, las dos frases. Tal vez porque quienes compusieron la Hagadá tenían demasiado respeto a Rav y a Samuel y para no ofender la memoria de ninguno incluyeron las tradiciones que dejaron los dos. O quizás, y a esto voy, porque ambas identidades son necesarias para que sigamos siendo judíos.
Podríamos decir que frente al crecimiento de los ataques antisemitas en el mundo, el pueblo judío necesita mantener una sana actitud y afirmación de identidad positiva. ¿Todos los judíos podemos enrolarnos en esa identidad? Lo dudo. Hay quienes por su forma de ser, se encuadran en una identidad judía pasiva. Identidad judía conformada a través de siglos de presiones antisemitas, pogroms, expulsiones, Inquisición, legislaciones humillantes, Shoa.
¿Significa esto que los integrantes de un pueblo no somos nunca iguales, la personalidad de cada uno es diferente? Unos tenemos una identidad o forma de ser positiva y hasta agresiva, otros somos más calmos, temerosos de que las cosas puedan empeorar y ¿sólo nos movemos cuando sea imprescindible defendernos? Tal vez sí.
Otra posibilidad es aceptar que cada uno de nosotros tiene dentro de sí las dos formas de actuar o reaccionar, nadie es monolítico, a lo largo de la vida, podemos sentirnos de diferente manera, a veces con una identidad judía activa y agresiva, posicionándonos con acciones directas en que nos jugamos enteros. Otras veces, tal vez nos sentimos más cansados, o tememos que hacer algo que traiga como resultado que la situación empeore. Nos limitamos a denunciar y quejarnos de lo que nos están haciendo y pensando qué hacemos para que otros y no nosotros, asuman la organización, decisión y la tarea de qué hacer.
El coronavirus es una peste nueva, pero el Talmud la contempla. “Cuando haya peste, quédate en tu casa, hasta que se aplaque la ira del Señor”, dice el texto. No tengo dudas que el coronavirus pasará, en algún momento los sobrevivientes podrán salir a la calle y nos tocará volver a empezar y aprender a vivir en una nueva realidad.
Pesaj marca el nacimiento de la identidad judía y en cada generación es para nosotros Tiempo de Identidad.¿La celebración de Pesaj? No tengo dudas, seguirá, como siempre. Celebraremos el Seder, leeremos alguna Hagadá, comeremos matzá y nos reclinaremos en nuestros asientos para recordar que hace miles de años, aprendimos el significado y el valor de la libertad.
1 Josué, 24:2-3
Pesaj: tiempo de identidad
06/Abr/2020
Por Esc. Esther Mostovich de Cukierman, para CCIU